Era una calle concurrida, mucho tráfico de día y vagabundos por las noches. La estación del Sub-terraneo cerraba a la 1:00 a.m. y abría de nuevo a las 4:30 a.m.
No había muchos lugares en donde refugiarse para pasar la noche, pero si eras afortunado, podías dormir en la estación del metro unas cuantas horas mientras estaba cerrado. Solo tenías que esconderte bien antes del último recorrido de los guardias de seguridad.
Robb es un sin-techo desde que tenía 34 años, lo perdió todo después de sumergirse en alcohol, drogas, mujeres y apuestas. Lo perdió todo después de que Amanda se divorciara de él hace 10 años. Desde entonces ha vivido en la calle, y si algo ha aprendido es a ocultarse en la obscuridad.
A mi madre le gusta trabajar por su comida, siempre fue bastante independiente, se podría decir que maduro muy rápido. Incluso cuando estaba con mi padre, ella no se dejaba manipular o controlar, y siempre salía por algo de comer. La vida aquí es difícil, mis 3 hermanos y yo aún somos muy jóvenes como para salir al mundo nosotros solos. Así que tenemos que esperar a que mamá llegue a alimentarnos, a veces cansada y a veces de mal humor, pero siempre confiable.
Hoy tengo mucha hambre y mucho frio también, el ruido es molesto y la luz me lastima los ojos, veo todo muy borroso. Amargo, agrio, salado... A eso huele, pero no sé qué es. ¿Qué será?
Ya es de noche, mamá aún no ha regresado, mis hermanos están hambrientos y han comenzado a llorar. Yo también quiero llorar, pero soy le mayor, así que tengo que aguantar un poco más. El tiempo se siente lento, ya no hay gente en la estación. Escucho pasos a lo lejos, los conozco, la última ronda de vigilancia, se ha hecho tarde.
Estoy cansado, mis hermanos se han dormido, era de esperarse han llorado cerca de 4 horas, yo estoy exhausto y hambriento, pero mamá aún no llega, no sé si poder seguir esperando, las fuerzas se me van, estoy cansado.
Un fuerte sonido, un chillido metálico y profundo, los vagones han llegado y la gente espera impaciente subir a ellos. Todos los días desde que recuerdo la gente va y viene, no paran. Siempre los mismos rostros, grises, llenos de cansancio. Tacones, zapatos y calzado deportivo de un lado a otro, corriendo y empujando, quitando a alguien de su camino.
La gente es cruel, una joven se ha caído al final de las escaleras, nadie la ha ayudado a levantarse, iba entre una muchedumbre, resbaló y los demás continuaron su camino. Fue doloroso ver como su brazo crujía por la presión de las pisadas indiferentes de los otros. La joven ha comenzado a llorar y eso ha despertado a mis hermanos pequeños, mamá aun no regresa y todos estamos hambrientos, no pude descansar y creo que mis hermanos tampoco. Temo que algo le haya pasado a mamá.
Es medio día y mis hermanos siguen llorando, la gente empieza a notar que estamos aquí, afortunadamente a nadie le interesa, nadie quiere ayudar a nadie, nadie quiere responsabilidades. Subitamente unos muchachos bajan de las escaleras riendose:
—¿La viste? ¡¿La viste?! —Preguntó un muchacho emocionado.— ¡Tenia un ojo de fuera!
—¡Lo se, se veia asqueroso!— Respondio el otro, exitado por el morvido expectaculo que habia afuera de la estación.
—¿Qué crees que halla pasado?
—Parece que la atropelló un auto, le destrozó la mitad del cuerpo.
—Lastima tenia unoa bonitos ojos blancos... ¿o eran azules?—Tenía uno amarillo y otro azul, ¿no la viste?
En ese momento, supe que era inutil seguir esperando a mamá.
Mis hermanos no paran de llorar, el más pequeño se desmayó hace rato y los otros dos comienzan a asustarse, he tratado de calmarlos, pero cada vez es más inútil. Se hace de noche y la gente ha comenzado a llegar cada vez menos, el hambre no me deja pensar, y lo único que quiero es ver a mamá, pero sé que si subo puedo no regresar, es peligroso ir solo, el mundo allá afuera es cruel.
Es muy noche y mi hermanito no despierta, he intentado despertarlo, pero no responde, no sé qué hacer, mis otros dos hermanos descansan y preguntan por mamá, la hora de cerrar esta cerca, tengo que tomar una decisión. Mi segundo hermano rompe en llanto de nuevo, trato de calmarlo pues casi no hay nadie y no quiero que nos vean, apenas abrió los ojos hace unos días y no sé qué nos pueda pasar si alguien nos ve, mamá siempre fue cautelosa y sabía que no todos son amigables, debo calmarlo o no sé qué pueda pasar.
De repente escucho una voz: —Valla, pobrecillos. ¿Y su madre pequeños? —Pregunta un hombre desalineado y sucio. —Parece que están solos, ¿verdad? Mi corazón comienza a latir muy rápido no sé qué hacer, así que solo le digo que se valla, pero parece no entender. Mientras mira al rededor el hombre toma am i hermano pequeño y lo revisa. Pone una cara seria y su actitud cambia de golpe, mi hermano no se mueve. —Lo siento amiguito, parece que tu hermano no volverá a despertar. —Acto seguido, lo envuelve en un trapo y se lo lleva. Yo solo puedo gritarle un poco antes de que desapareciera de mi vista, mis hermanos comenzaron a llorar en cuanto el hombre se fue y me preguntan por el nuestro hermano pequeño. Lo único que pude hacer en ese momento fue llorar, mis hermanos detuvieron su llanto y confundidos se miraron el uno al otro, nunca me habían visto así antes.
Una hora después casi a la hora de cerrar la estación, regresó el hombre desalineado, traía comida y leche para mis hermanos pequeños. El hombre revisó a mis hermanos e intento darles de comer, mi hermano pequeño ya no estaba con él, sé que él me entendió, pues al verme me lo dijo: —Descuida él está en un lugar mejor ahora. — En cierta medida me tranquilice, y logre comer un poco, pero la idea de perder a mi madre y hermano me rondaban la cabeza a tal grado que no podía concentrarme en nada más, ni siquiera en comer.
No sé quién podrá ser ese hombre, pero le estoy agradecido por lo que ha hecho.
—Keith, tienes la cara de llamarte Keith, como mi hijo. —Dijo con una enorme sonrisa. —Si no te molesta pequeño, te llamaré así.